Sísifo y la piedra invisible
Ángela llevaba 52 años archivando papeles en una oficina gris, día tras día, sin cuestionar nada. Su rutina era interminable, como si viviera en un círculo sin salida. Una tarde, un nuevo compañero, Daniel, rompió el silencio: —¿Te has preguntado para qué sirve todo esto? La pregunta se quedó rondando en su mente. Esa noche, recordó el mito de Sísifo, condenado a empujar una roca montaña arriba, solo para verla caer de nuevo. Al día siguiente, Ángela observó su pila de documentos como si fueran su propia roca. Por primera vez, sintió el peso del vacío. Pero mientras sellaba otro archivo, tuvo una idea. Comenzó a escribir pequeños mensajes en los márgenes de los papeles: frases optimistas, dibujos de flores, secretos que nadie más conocía. No sabía si alguien los leería, pero no importaba. La monotonía empezó a cambiar. Cada sello y cada archivo dejaron de ser un castigo y se convirtieron en un acto de rebeldía silenciosa. Ángela no podía escapar de su roca, pero aprend...