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La justicia también tiene oídos

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  Hay libros que terminan en la última página y otros que, en realidad, empiezan justo ahí.  El lápiz del carpintero , de Manuel Rivas, pertenece sin duda a estos últimos. Es una historia atravesada por la guerra, la memoria, el miedo y la dignidad, pero sobre todo repleta de pequeñas frases que se quedan resonando por dentro mucho después de cerrarlo. Siempre me ha llamado la atención la clásica estampa de la justicia : la balanza en una mano y los ojos cubiertos por una venda. De hecho, lo comentamos en nuestra última reunión del club y admití con total franqueza que nunca había terminado de desentrañar el peso real de esa venda. Sin embargo, esa figura cambió por completo de sentido: ahora imagino una justicia ciega, sí, pero con el oído muy fino. El hallazgo está en un fragmento breve durante la escena del juicio: «Señores del tribunal, habría dicho el doctor Da Barca, si es que pudiéramos oírlo, la justicia pertenece al campo de las fuerzas del alma. Y por eso p...

A los 67 años he decidido escribir

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« La Filosofía me enseñó que no todo es lo que parece y que, detrás de cada respuesta, puede esconderse otra pregunta.» Todo empezó hace muchos años, cuando estudiaba Filosofía. Salía de aquellas clases con la cabeza desbordada: Platón, Aristóteles, Nietzsche, Kant … tantos pensadores poniendo el mundo patas arriba. Pero, sobre todo, había algo que se iba quedando dentro de mí: la necesidad de pensar, de cuestionar, de dudar. La filosofía me enseñó que no todo es lo que parece y que, detrás de cada respuesta, puede esconderse otra pregunta. Quizá aquel fue el primer germen. Mucho antes ya había escrito pequeños relatos. Eran apenas trozos de historias, escenas e ideas que aparecían y que yo iba guardando. Nunca pensé demasiado en ellos; escribir era algo que hacía porque me gustaba, sin más. Después llegó mi profesión. Durante más de veinte años he escrito historias de amor . He contado vivencias de otras personas, he escuchado sus recuerdos, sus encuentros, sus pérdidas y sus comienz...

Un encuentro íntimo con El lugar, de Annie Ernaux

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  Aunque los días de calor del verano hicieron que fuéramos un grupo más reducido de lo habitual, la reunión del club de lectura tuvo una calidez muy especial. Éramos poquitos, pero eso nos permitió tener una conversación cercana, tranquila y muy sincera sobre El lugar.   Coincidimos en que es una obra breve y sencilla, pero llena de humanidad. Aunque a primera vista parece que no ocurren grandes acontecimientos, su verdadera fuerza está en cómo muestra la vida cotidiana y los sentimientos sin adornos. La forma de escribir de Annie Ernaux, tan directa y honesta, fue precisamente lo que terminó emocionándonos.   Durante la charla, reflexionamos mucho sobre la relación entre la autora y su padre. Es un vínculo lleno de cariño, pero también marcado por el silencio y la distancia. Hablamos de cómo el padre trabajó durísimo para que su hija pudiera estudiar y tener una vida mejor, sintiéndose profundamente orgulloso de ella. Sin embargo, también vimos la otra cara de la moned...

Aprender a respirar bajo el agua: Mi viaje con «Lo que me queda por vivir»

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  Tengo que ser completamente sincera: cuando abrí Lo que me queda por vivir de Elvira Lindo , los primeros capítulos me costaron muchísimo. Estaba desubicada, buscando desesperadamente un hilo argumental clásico del que tirar, pero la historia parecía negarse a avanzar en línea recta. Y es que no es un libro que te atrapa por la acción de ¿Qué va a pasar ahora?, sino por la pura atmósfera. Elvira Lindo imita con maestría el mecanismo real de la memoria humana . Antonia, nuestra narradora, no nos cuenta su vida paso a paso; salta de un recuerdo a otro, se frena, se interrumpe, reflexiona desde el futuro y vuelve a hundirse en el pasado.  Esa bruma emocional y esa falta de un hilo conductor tradicional hacen que las primeras páginas pesen. La bruma mental de Antonia se te contagia como lector, y sientes ese mismo agobio claustrofóbico de su piso, el clima gris del Madrid de los 80 —muy lejos del mito alegre de la Movida— y la rutina pesada de los días. Sin embargo, en cuanto l...

El libro no cambió; cambié yo

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  Ray Bradbury dijo sobre Juan Salvador Gaviota , de Richard Bach, una frase que siempre me ha llamado la atención: «Me da alas y me hace sentir joven» . Con ella hacía referencia al poder liberador, inspirador y vitalista de esta obra. Recuerdo que, cuando estaba en el colegio, nos recomendaron leer este libro. Quizá, como les ocurrió a algunos de nosotros, a mí también me pasó prácticamente desapercibido. Lo leí sin demasiado entusiasmo, como una lectura más entre tantas otras al punto de ocultarlo y relegarlo en un lugar oscuro de mi memoria. Ahora, ya adulta, gracias al club de lectura y al hecho de salir de nuestra zona de confort, el libro ha vuelto a aparecer en mi camino. En circunstancias normales probablemente nunca lo habría releído. Y cuál ha sido mi sorpresa: quizá mis entendederas han evolucionado, quizá la vida me ha enseñado a mirar de otra manera, pero he descubierto un pequeño libro con un mensaje enorme. Comparto plenamente lo que expresaba Bradbury cuando d...

Mirar demasiado de cerca

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  Mirar demasiado de cerca. Hay frases que en una novela parecen pequeñas y, sin embargo, contienen el libro entero. En Cara de pan , Sara Mesa escribe: Y cuando una cosa —cualquier cosa— se mira muy de cerca, siempre se acaba amándola . Pero Casi no está convencida. Bajo el microscopio, dice, algunas cosas se vuelven monstruosas. Pienso que quizá ahí, en esa contradicción, Sara Mesa condensa uno de los grandes temas de Cara de pan: qué ocurre cuando observamos demasiado de cerca aquello que preferiríamos juzgar desde lejos. La novela nos obliga  a hacer precisamente eso: mirar muy de cerca una relación que, vista desde fuera, podríamos clasificar de forma rápida y moral. Pero cuanto más la observamos, más ambigua resulta. No necesariamente más inocente, pero sí más compleja. Pienso que Sara Mesa juega constantemente con esa incomodidad: el lector quiere decidir qué está viendo, pero la autora le niega el alivio de una etiqueta simple. Hay algo hipnótico en la prosa de...

Lectura creativa: Espejismo

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  Hoy abro el blog con una cita de José Ortega y Gasset, en La deshumanización del arte. ¿A qué llama la mayoría de la gente “goce estético”? ¿Qué siente realmente cuando una obra de arte le gusta? La respuesta es bastante clara: suele gustarnos una obra cuando nos atrapan las historias y los destinos humanos que presenta. Los amores, los odios, las penas y las alegrías de los personajes nos conmueven; participamos de ellos como si fueran experiencias reales. En el fondo, hay dos formas de entender la literatura… y también dos tipos de lectores Cuando abrimos la primera página de un nuevo libro, lo hacemos con ilusión, deseando descubrir de qué trata, quiénes son sus protagonistas y, en definitiva, qué historia nos quiere contar. A veces, esas expectativas empiezan a flaquear: el libro no sigue los mismos patrones que imaginábamos, ni encaja con lo que buscábamos. Entonces la lectura se nos atraganta; lo que narra no cumple con los esquemas establecidos en nuestra mente. Segu...