Lectura creativa: Espejismo

 

Hoy abro el blog con una cita de José Ortega y Gasset, en La deshumanización del arte.

¿A qué llama la mayoría de la gente “goce estético”? ¿Qué siente realmente cuando una obra de arte le gusta? La respuesta es bastante clara: suele gustarnos una obra cuando nos atrapan las historias y los destinos humanos que presenta. Los amores, los odios, las penas y las alegrías de los personajes nos conmueven; participamos de ellos como si fueran experiencias reales.

En el fondo, hay dos formas de entender la literatura… y también dos tipos de lectores

Cuando abrimos la primera página de un nuevo libro, lo hacemos con ilusión, deseando descubrir de qué trata, quiénes son sus protagonistas y, en definitiva, qué historia nos quiere contar. A veces, esas expectativas empiezan a flaquear: el libro no sigue los mismos patrones que imaginábamos, ni encaja con lo que buscábamos. Entonces la lectura se nos atraganta; lo que narra no cumple con los esquemas establecidos en nuestra mente. Seguimos leyendo casi de forma automática, sin disfrutarlo realmente.

Muchas veces, terminamos rechazando esa lectura: “no lo entiendo”, “no me gusta”. Y es completamente válido. Leer solo por placer estético es una elección legítima: si un libro no cumple con nuestras propias coordenadas de gusto, simplemente pasamos al siguiente.

Después de darle muchas vueltas, y casi como un reto personal, vuelves sobre ese libro y te dices: “esto no va a poder conmigo”. Entonces comienzas a prestar atención, no tanto a lo que cuenta la historia, sino a cómo lo cuenta. Y ahí, casi por arte de magia, empiezas a descubrir entre líneas pequeños secretos —detalles, gestos, matices— que despiertan nuestras alarmas sensoriales. Es en ese punto donde comenzamos a entender lo que significa una lectura creativa.

Sé que requiere más esfuerzo, una comprensión más activa y, muchas veces, releer varias veces un mismo pasaje. Pero también es totalmente válido decir: “esto no es para mí”, y dejarlo.

Aclarados estos dos tipos de lectura, en el club nos encontramos con el libro Espejismos, de Jeannette Winterson. Debo decir que no fue una lectura fácil, pero, por tesón, quise entender lo que la autora quería transmitirnos y activé la famosa “palanca creativa”.

No voy a explicar ni destripar el libro, pero sí diré que quien se acerque a él debe tener en cuenta cómo abordar su lectura.

En el encuentro del club de lectura "después de la última página", cuando nos reunimos para comentarlo, me sorprendió el debate tan enriquecedor que surgió entre los participantes. Eso sí, todos coincidimos en lo mismo: no fue una lectura sencilla. Aun así, me quedo con la sensación de que la reunión fue, ante todo, sorprendente y muy enriquecedora.

Y al final, como Jordan y la mujer-perro, descubrimos que el verdadero goce estético nace cuando soltamos las riendas de lo predecible y dejamos que el arte nos deshumanice un poco… para humanizarnos de verdad.

 


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