El arte de dudar: de Poe a Pirrón y el valor del escepticismo en tiempos de símbolos


El escepticismo como brújula en un mundo cargado de símbolos

La duda como revelación literaria

 

No conocí a Pirrón de Elis en un manual de filosofía, sino en un cuento de Edgar Allan Poe. Allí, el escritor confesaba que, como buen “pirronista”, tenía dudas. Aquella palabra me golpeó: ¿qué significaba ser pirronista?

 

Esa chispa me llevó a investigar, y descubrí que Pirrón fue el fundador del escepticismo griego, el filósofo que proponía suspender el juicio cuando la verdad no era clara. No se trataba de negar, sino de aprender a convivir con la incertidumbre.


Lo interesante es que Laura no avanza a pesar de sus dudas, sino gracias a ellas. Su desconfianza se convierte en brújula: pregunta lo que otros callan, investiga lo que nadie mira y busca pruebas cuando todo el mundo se aferra a símbolos.

¿puede el escepticismo convivir con la necesidad de creer?

 

La duda como motor interior

 

Ese hallazgo me cambió la forma de ver la duda: ya no como un fracaso de la razón, sino como un motor de búsqueda interior. Entre la fe ciega y la negación absoluta, el escepticismo ofrece un espacio fértil desde el que mirar el mundo con atención y espíritu crítico.

 

De la filosofía a la novela

 

Años después, esa idea se convirtió en la columna vertebral de mi novela. Su protagonista, Laura, es periodista y representa ese mismo escepticismo. Le encargan cubrir lo que parece una noticia más, pero pronto descubre que se encuentra frente a un misterio que roza lo fantástico, incluso lo paranormal.

 

Creer o no creer

 

Pero conforme avanza la trama, Laura se ve rodeada de símbolos que parecen tener más fuerza que los hechos. Se enfrenta entonces a la gran pregunta:

 

Conclusión: la linterna de la duda

 

Al final, lo que me enseñaron Pirrón, Poe y Laura —mi propia protagonista— es que la duda no es enemiga de la verdad, sino su compañera más fiel. Vivimos rodeados de símbolos, ritos y narraciones que reclaman nuestra atención. Creer o no creer, esa es la encrucijada. Pero tal vez lo importante no sea resolver el enigma de una vez por todas, sino atrevernos a caminar en él, con la duda como linterna y la búsqueda interior como destino.


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