Reflexiones sobre Fahrenheit 451
Hay libros que no envejecen
porque hablan de algo que siempre nos acompaña: la libertad de pensar.
En la novela Fahrenheit 451,
publicada en 1953 por Ray Bradbury, nos presenta una sociedad distópica, donde
los bomberos ya no apagan incendios, sino que queman libros. En ese mundo, leer
está prohibido y pensar demasiado se considera peligroso.
El origen del título 451 tiene su
propia historia. El propio Ray Bradbury contó que, mientras buscaba un título
para su obra, decidió llamar a un parque de bomberos para preguntar a qué
temperatura empieza a arder el papel. La respuesta que recibió fue que el papel
se inflama aproximadamente a 451 grados Fahrenheit, lo que equivale más o menos
a 232 grados Celsius. Aquella cifra le pareció tan precisa y simbólica que
decidió convertirla en el título de la novela.
Así nació uno de los títulos más
conocidos de la literatura del siglo XX, una cifra aparentemente técnica que
encierra toda la esencia del libro: el fuego como instrumento para destruir las
ideas contenidas en los libros. Aunque con el tiempo se ha visto que no es una
medida exacta de combustión pues va a depender del tipo de papel, la humedad,
la tinta y arder antes o después.
Otra anécdota que cuenta el
escritor, fue que su novela se escribió con una máquina de escribir que había
en el sótano de la biblioteca University of California Los Ángeles. Pagaba unas
monedas por media hora de escritura y en pocos días la terminó. Resulta un
detalle casi poético que una novela sobre salvar libros naciera dentro de una
biblioteca.
Esta coincidencia me recuerda a
mi propio encuentro con esta obra. Para ser sincera, yo no había leído
Fahrenheit 451. Fue durante el curso que estaba realizando de novela de “Mundos
imposibles, escritura fantástica y ciencia ficción” el profesor nos preguntó
quién la había leído. La mayoría de los alumnos levantó la mano… excepto yo. En
ese momento pensé que quizá me estaba perdiendo algo importante.
Por eso, cuando inicié el club de
lectura, decidí que el primer libro sería precisamente éste. Lo elegí casi al
azar —o tal vez por recomendación indirecta—, pero hoy me parece una elección
muy simbólica. No deja de tener cierta gracia que un club de lectura que se
reúne en una biblioteca comience su andadura con una novela que habla,
precisamente, sobre salvar libros. ¿No les parece una sincronía como la de
Bradbury?
La novela nos invita a
reflexionar, a través del personaje de Guy Montag un bombero que comienza a
cuestionar su propio trabajo, sobre el valor del conocimiento, la censura y el
papel que tiene la sociedad cuando decide renunciar a los libros. Más de setenta
años después de su publicación, esta obra sigue planteando una pregunta
inquietante:
¿Qué ocurre cuando una sociedad
deja de interesarse por la lectura y el pensamiento crítico? ¿Seríamos más
felices como lo plantea la sociedad distópica de la novela? Estas y otras
cuestiones son las que nos hacen pensar cuando leemos un libro que refleja una
sociedad diferente al nuestra… ¿o quizás no tan diferente?
Hay varios momentos en la novela
que nos hace pensar lo que quiere decirnos Bradbury. Uno de ellos es cuando una
mujer decide morir quemada junto a sus libros. ¿Qué puede haber en un libro
para que alguien prefiera morir antes que perderlo? En esta escena plantea algo
muy fuerte, tal vez los libros no son solo objetos, sino su identidad, memoria
y libertad. Eso es lo que le provoca a Montag, cuando ve a la señora envuelta
en llamas, dudas de su trabajo de bombero.
Un dato relevante que no podemos
pasar por alto es la conversación que mantienen el capitán Beatty, a Montag.
Aquí le explica en qué momento la sociedad llegó a prohibir los libros. La
gente se sentía molesta, distintos grupos se ofendían con algunos libros,
mientras que otros criticaban ideas políticas. Se buscó una sociedad sin
molestias, y la solución fue simple: si nadie lee, nadie discute y nadie se
ofende. Todo el mundo vive distraído y, aparentemente, feliz. Lo interesante es
que Beatty había leído muchísimo. No era un ignorante. Conocía la literatura y
la usa para justificar la censura.
Mi pregunta ¿Beatty cree
realmente en lo que dice o está atrapado en un sistema que ya no puede
cuestionar? Muchos lectores piensan que Beatty es el villano. Otros creen que
es el personaje más trágico de la novela. En varios de los pasajes de la novela
Beatty provoca deliberadamente a Montag y algunos lectores piensan, yo
personalmente también opino así, que Beatty está cansado de su propio papel y
empuja a Montag a rebelarse. Parece una ironía de la novela, quien dirige la
quema de los libros es quizás uno de los pocos que realmente sabe lo que
contiene.
Lo que realmente le preocupaba a
Bradbury decía que el peligro no era solo la censura del Estado, sino la
desaparición del pensamiento profundo.
Al final, Montag conoce a un
grupo de personas que memorizan libros completos para salvarlos de la
destrucción. Así cada uno se convierte en un libro vivo y esto cambia la idea
central de la novela. Esto nos da una especie de esperanza en la humanidad y su
conocimiento. Porque si alguien memoriza por ejemplo el libro de la República o
la biblia el libro sigue existiendo, aunque lo quemen.
Si tuvieras que salvar un libro
memorizándolo, ¿Cuál elegirías y por qué?
Leyendo Fahrenheit 451 y 1984 de
Orwell, casi en paralelo, al principio podría parecer que uno de ellos estaba
inspirado en el otro. Pero, al analizarlo mejor, creo que son bastante
distintos:
Fahrenheit 451 se centra más en
la censura cultural y social, en cómo una sociedad puede dejar de leer y de
pensar, y cómo el entretenimiento superficial reemplaza el conocimiento. En cambio 1984, está más enfocado en el
control político absoluto, la vigilancia y la manipulación de la información
por parte del Estado. Ambos alertan sobre la pérdida de libertad y pensamiento
crítico, pero lo hacen desde perspectivas diferentes y muy interesantes para
reflexionar hoy en día.
Conclusión:
No soy ninguna experta, solo una
humilde observadora. Bajo mi punto de vista, la libertad no se pierde de golpe
ni por decreto: se desvanece lentamente cuando dejamos de leer, de cuestionar y
de prestar atención al mundo que nos rodea.
Y tú, bajo tu punto de vista:
¿Qué crees que es más peligroso:
perder la libertad de leer o perder la libertad de pensar?

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